domingo, 26 de junio de 2011

Otoño


Tengo 78 años, y llevo los últimos 18 años de mi vida haciendo cola a las afueras del Banco de la Nación para cobrar mi pensión de jubilación. Cada año que pasa parecen más largas e interminables y se hace realmente insoportable otras tantas veces cuando el calor veraniego de Lima empieza a sofocar.
Era Lunes muy temprano por la mañana y ya estaba listo para iniciar mi travesía en busca de cobrar puntualmente mi dinero. Así que baje con sumo cuidado a la cocina a servirme un café mientras veía las noticias. Tome el termo más pequeño, de esos fáciles de maniobrar ya que a mi edad la precisión y fuerza se
pierden y no quería pasar por el mismo incidente de hace dos meses cuando el termo resbalo de mis manos y cayo sobre mis piernas. Fue una experiencia dolorosa en extremo.
Un mozuelo a viva voz en cuello sobre la avenida exclamaba incansable la ruta de la combi. Le interrumpí:
- ¿Llegas al Banco de la Nación de la avenida Bolívar? – pregunté
Me miró y se detuvo fijamente unos segundos en mi bastón para luego continuar con sus alaridos:
- ¡Todo Brasil ¡…. ¡Todo Brasil! …Bolívar…Universitaria!
- Oiga le he preguntado. Va por la Avenida Bolívar? – insistí.
- Suba tío…suba… – atinó a decir.
Se claradamente que las personas mayores muchas veces podemos resultar molestas. Como si nuestro rostro les recordara un inevitable desenlace y señalara lo efímera que puede ser la vida. Ya no me inquieto mas, por el contrario siempre trato de pasar por alto estas situaciones. A veces pareciera que a toda costa la sociedad trata de quitarnos nuestra dignidad. Allá aquellos que lo permiten, o aquellos que la van perdiendo día a día casi sin darse cuenta.
Mientras la combi hace su recorrido observo atento las calles tratando de familiarizarme con el lugar en caso sufra algún desperfecto. No puedo evitarlo, es casi como un mecanismo de defensa. La calle para un viejo es muy dura, agresiva y las experiencias pasadas me enseñaron a estar prevenido. Sin embargo llegue a mi destino sin inconveniente.
Supongo que resulta algo extraño llegar puntualmente al Banco e iniciar la larguísima cola y estar muchas veces de muy buen animo. Y es que esa accidentada reunión nos permitía desde hace ya varios años encontrarnos con ex compañeros de labor y otros tantos nuevos amigos justamente en la cola. Pueden pensar que es muy extraño y hasta sombrío pero los que aun no han llegado siquiera a la mitad de mi edad no pueden tener una idea de lo que es ser viejo en el Perú.
- “ Señores hoy solamente desde la A hasta la J “ – exclamaba el vigilante
Una sensación de impotencia se apodero de mí. Mi apellido iniciaba con R y entonces había que repetir la misma Odisea. Me levantaría temprano otra vez y me serviría un café esperando tener suerte mañana.
- Mi nombre es Renzo Olaechea tengo 78 años nací en Lima en Agosto de 1931 y llevo 18 años de pensionista.
- OK señor esta bien…pase! – dijo el vigilante del banco.


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